CONSUELO
DEL PELIRÓN
El jerezano
barrio del Pelirón está compuesto por un entramado
de casas generalmente de una planta o de dos, ordenado en base a
una avenida principal o ronda que se sitúa entre los límites
que hoy marcan las avenidas de Arcos y la Paz así como los
unifamiliares que se extienden a partir de la calle de Bruselas,
y la zona de Nuevo Chapín delimitada por la calle del Alcalde
Jesús Mantaras, desplegando entre ellos un conglomerado de
viviendas de génesis sencilla y peculiar, que intenta mirar
al futuro en base a la modernización de algunas de sus zonas.
Tiene su origen en una extensión de
pagos donde los ganaderos de la provincia tenían su lugar
de encuentro para llevar a cabo sus negocios y tratos, terreno en
el que con el tiempo, los mismos vecinos fueron edificando sus propias
viviendas, habitadas en su mayoría por familias trabajadoras
de gente humilde. Un asentamiento que llegó a tener consideración
de barrio, lo que sin embargo, y debido a su escondida situación
tras la línea ferroviaria que cruza Jerez, permaneció
aislado de buena parte del resto de la ciudad, siendo muchos los
que ni siquiera sabían de su existencia a pesar de estar
situado paradójicamente en el centro geográfico de
la misma. Tuvo que ser a raíz de la reordenación urbanística
de todo aquel sector y de la elevación de la vía del
tren, cuando el Pelirón pudo abrirse al conocimiento del
resto de la ciudadanía, permitiendo además que su
arteria central uniese el barrio de la Vid con las barriadas de
España y La Constancia, al tiempo que convirtiéndose
de esta forma en una vía natural de paso entre varias zonas
de Jerez hasta entonces separadas.
De todas formas, y a pesar de este anonimato
en el que el barrio parecía vivir tras los muros del ferrocarril,
hubo a finales del siglo XX, concretamente a mediados de la década
de los ochenta, una referencia que cada año hablaba a toda
la ciudad de la existencia de aquellas calles con nombre de históricas
batallas tales como Batalla del Salado, de Aína, de Torrelobatón
o de los Cueros, una referencia que sonaba entre cornetas y tambores,
y que tenía como destino otra de aquellas procesiones de
chavales, que invadían el atardecer del Viernes de Dolores.
Se trataba de la ‘hermandad juvenil de la Virgen del Consuelo’,
una agrupación de jóvenes que como otras tantas, desarrollaban
su afición a lo cofrade a través de sus dos pequeños
pasos, uno de misterio y otro de palio, pero que sin embargo, y
por tratarse de adolescentes ligados a otras corporaciones nazarenas,
aportaban a este movimiento ciertas inquietudes religiosas, si bien
no regladas, sí paralelas al menos al asociacionismo eclesial.
Fue esto lo que provocó por ejemplo,
que el nombre de su Virgen, en principio nombrada como de la Paz,
desembocase en María Santísima del Consuelo, por tratarse
de una advocación recogida entre las letanías del
Santo Rosario -Consuelo de los afligidos- además de por estar
sostenida en una de las cualidades del Espíritu Santo, “…el
Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará
en mi nombre os enseñará todas las cosas, y os recordará
todo lo que yo os he dicho (Juan 14:26)” lo que habla bien
a las claras de cómo a pesar de por entonces aún no
caminar bajo las directrices de la Iglesia, era ésta una
corporación con un futuro ciertamente señalado por
Dios.
La Casa de la Virgen
Para comprender en toda su perspectiva la
historia de la actual hermandad de Nuestro Señor del Amparo,
María Santísima del Consuelo y Santa Ángela
de la Cruz, hay que detenerse un instante en una de las viviendas
del barrio, concretamente en la casa vecinal situada en cale Batalla
de Aína 35, propiedad familiar de doña Catalina Rendón
Arillo ‘Nini’, casa que la propia evolución de
la cofradía considera como núcleo fundacional de la
misma, así como permanente vínculo de sus hermanos
a su pasado más entrañable y hermoso. Allí
fue desde donde tuvo lugar el día 10 de abril de 1987, Viernes
de Dolores, la primera salida procesional de la Virgen de terracota
regalada tan sólo diez días antes por la vecina Doña
Ángeles Estévez al grupo de jóvenes que desde
mayo de 1985 tenían constituida su ‘hermandad’,
fue igualmente desde donde procesionó en la misma jornada
de manera ininterrumpida hasta 1994, y fue donde junto a otras viviendas
de Batalla de Torrelobatón 27, o Ronda del Pelirón
8, permaneció la imagen hasta su definitivo traslado a la
parroquia de Nuestra Señora de Las Viñas, acontecido
en 1996.
Conocida desde entonces como ‘La Casa
de la Virgen’ debido a las indudables referencias marianas
experimentadas durante tantos años en torno a la permanente
presencia de la dolorosa, ni el cambio de los tiempos ni la posterior
evolución de la actual cofradía según las pautas
marcadas por la autoridad parroquial, aminoraron un ápice
el profundo sentimiento filial de los devotos y hermanos hacia aquel
lugar, llamado cariñosamente por algunos de los vecinos más
veteranos ‘
trocito de Cielo en la tierra’ o sencillamente
‘el Paraíso’, tal es la relación que desde
entonces existió y existe entre quienes vieron a sus hijos
crecer jugando a la Semana Santa, y el enclave que siempre los acogió
convirtiéndolos en hombres. Además, se tiene por cierto
en el Pelirón que aquellos muros fueron en su momento lo
más adecuado para la feliz convivencia de sus jóvenes,
hasta tal punto que prácticamente al unísono, toda
la hermandad se juramentó una vez constituida para impedir
el desgarro con la entraña más profunda de su nacimiento,
existiendo una vieja fórmula que señala que “..si
alguna vez no se puede ir a la Catedral, pues no se va, pero nunca
se dejará de pasar ante la Casa de la Virgen.”
De hecho, hasta que la cofradía pudo
edificar en 2010 su propia capilla, la cercana casa de ‘Nini’
fue testigo cada noviembre de las misas de campaña que ponían
término a los cultos dedicados a Santa Ángela y de
la posterior procesión infantil con la imagen de ‘Madre
Angelita’, e igualmente de unas entrañables convivencias
de verano, en las que corporativamente se volvían a recuperar
los lazos perdidos con los primeros fundadores de todo lo llegado
después. Además, y una vez establecida la corporación
en su definitiva sede, lo reducido de unas dimensiones sólo
aptas para la salida de pasos, determinaron que el cortejo de nazarenos
quedase citado cada Miércoles Santo en este mágico
rincón, en el que un patio de naranjos al sol entre brisas
de la tarde, alcanza misterios de improvisado templo, enredado en
rezos previos a la estación de penitencia y trinos nerviosos
de gorriones y vencejos.
Del ‘pasito’ a la parroquia
Siguiendo la estela señalada por otras
asociaciones juveniles a comienzos de la década de los noventa,
cuyo ejemplo principal lo marca la hermandad de la Clemencia en
San Benito, la parroquia de Las Viñas por medio de su párroco,
don Juan Celio Jacinto del Castillo, emprendió la labor de
retirar de la calle una de las procesiones de Viernes de Dolores
sin duda más seguidas de cuantas existían, invitando
a sus organizadores a meditar serenamente la posibilidad de integrarse
como uno más de los grupos parroquiales de la misma, o lo
que es lo mismo planteando la futura posibilidad de que pasados
unos años, pudiese surgir de ellos una nueva hermandad de
penitencia. Encontró pronto acomodo esta perspectiva de futuro,
y así, en 1995, el primitivo palio de la Virgen del Consuelo
quedó sin procesionar el Viernes de Dolores, realizándose
en cambio una Celebración de la Palabra en torno a la devoción
a María Santísima, e iniciándose en aquel mismo
instante el complejo proceso de fundación de una Asociación
Parroquial, que señalaba como fecha de especial importancia
la del 29 de marzo de 1996, cuando al mismo tiempo de ser constituida,
Monseñor Bellido Caro procedía a bendecir la dolorosa
realizada diez años antes por el imaginero jerezano Pedro
Ramírez Pazos.
Así nació la andadura ‘oficial’
de aquel grupo de herederos de su propia infancia, un camino que
no sin complicaciones de todo tipo superó etapas sacrificadas
e ilusionantes iniciadas con los primeros besamanos y cultos cuaresmales,
y que con la única excepción de la salida en Santo
Rosario de la imagen de la Virgen el 31 de marzo de 1997, Festividad
de la Visitación, mantuvo a la corporación ‘encerrada’
en el interior de la parroquia, hasta que pasados cinco años
revertió esta situación, como bien explica la propia
hermandad en su sitio web: www.consuelodelpeliron.com
“…después de cinco años
de no procesionar por las calles de su barrio tras haber sido erigida
como Asociación Parroquial, el 7 de Abril de 2001 María
Santísima del Consuelo regresó al Pelirón.
Muchos fueron los inconvenientes que se encontraron para la solemne
salida procesional de este primer Sábado de Pasión,
lo que finalmente se hizo gracias a la ayuda y la colaboración
de muchas personas; entre otros muchos enseres, cabe destacar la
cesión del paso de la hermandad de San Antonio, y los respiraderos
del Carmen, de Bonanza, ambos de Sanlúcar de Barrameda, además
de la antigua candelería de la hermandad del Cachorro de
Triana. Ya en este primer año fue la Banda Municipal "Maestro
Dueñas" de El Puerto de Santa María, la que puso
el acompañamiento musical a la Virgen…”
Tras este reinicio, la joven asociación
se planteó la necesidad de encargar su propio paso, lo que
hizo al sevillano taller de Francisco Pineda, mientras en estrecha
colaboración con el párroco, y desarrollando su acción
cultual de Cuaresma con salidas vespertinas en la jornada del Sábado
de Pasión, aguardó pacientemente a que desde el Obispado
llegasen buenas nuevas en torno a su porvenir, noticias que de la
mano de Monseñor Juan del Río Martín, segundo
obispo asidonense, abocetaron como referencia la fecha del día
8 de diciembre de 2004. En esa jornada, y tras que la Catedral de
Jerez conociera la primera Coronación Canónica de
una dolorosa jerezana, María Santísima de la Concepción,
el prelado anunció la erección canónica de
las nuevas hermandades del Rocío de Chipiona, Soberano Poder,
Redención y María Santísima del Consuelo, cuyo
hermano fundador Víctor Manuel Abeledo Rendón, fue
el encargado de recoger el Decreto de manos del pastor.
A partir de este instante, los hechos se precipitaron
si solución de continuidad, estableciéndose desde
entonces que siendo ya nueva hermandad, la estación de penitencia
en la jornada de vísperas del Domingo de Ramos se efectuara
a la cercana parroquia de San Pedro, lo que aconteció con
el cortejo de cofrades vistiendo ya su túnica nazarena el
día 19 de marzo de 2005, y lo que dejó paso igualmente
en 2007, a la primera llegada de la cofradía a la Carrera
Oficial, en la jornada del Miércoles Santo. Desde entonces,
los empeños se centraron en la consecución de un oratorio
propio que albergase de nuevo en su barrio las devociones marchadas
un día al templo de la Vid, y así, el día 12
de marzo de 2010 se alcanzó el esperado sueño del
regreso, pudiendo entrar en la Capilla de María Santísima
del Consuelo, en Ronda del Pelirón 49, tanto la Virgen como
el Nazareno del Amparo, tallado en 2003 también por Pedro
Ramírez, además de la imagen de Santa Ángela
de la Cruz, talla de Juan Antonio Martín donada a la cofradía
en 2004 por la familia Fatuarte – De la Torre.
‘Consoladora Madre’
La hermandad del Consuelo se marcó
desde sus primeros años de vida como una de sus tareas principales,
el acercamiento de la parroquia no tan sólo a los vecinos
del barrio del Pelirón, sino también a los de zonas
anexas como Hacienda El Polo, Recreo Lucelma, Los Pinos, Residencial
Olimpus, o Jardines de la Universidad, una acción social
que compatibilizó a través de campañas benéficas
y divulgativas con la normal actividad de una cofradía penitencial,
lo que determinó una sencilla pero a la vez marcada personalidad,
llena de detalles inamoviblemente hermosos. Esta fue la razón
de elegir para sus nazarenos una túnica repleta de singularidad
basada en el azul color mariano y en el hábito de las Hermanas
de la Cruz, y esta fue la razón igualmente que diseño
de manera casi definitiva, un estilo procesional inalterable, en
el que a la salida siempre nos permitió escuchar ‘Mater
Mea’, en Casa de la Virgen ‘Cristo de la Alcazaba’
y ‘Amargura’, y en la recogida, ‘Soleá
dame la mano’.
Además, todo en la cofradía
giró siempre en torno a las tres advocaciones de su título,
creando rápidamente un importante poso devocional en torno
a las imágenes, algo característico por otra parte
en todas las cofradías arraigadas en su zona de manera tan
profunda. Por todo ello, no es de extrañar que de manera
anónima, hayan sido constantes los ejemplos que alguna vez
contaron algún especial favor atribuido al Señor,
a la Virgen, o a la Santa, algunos sencillos y llenos de simpatía,
y otros, ciertamente cargados de incógnitas. Uno de ellos
refiere la preocupación de un estudiante de la serrana población
de Setenil de las Bodegas que debía superar un difícil
examen en la vecina y malagueña localidad de Ronda, encomendado
con Fe a las estampas de Jesús del Amparo y María
del Consuelo, examen que pasó con éxito según
refería, gracias a la ‘ayuda’ recibida de aquellas
imágenes, y otro de tantos cuenta cómo entregada con
fervor a ‘Sor Ángela de la Cruz’, una madre consiguió
gracias al Cielo, que el destino confiado a su hijo Guardia Civil,
fuese a escasos kilómetros de su casa, y no donde las peores
previsiones apuntaban en principio.
Junto a estas historias, viaja igualmente
el recuerdo hacia un pasillo del Hospital Reina Sofía de
Córdoba, donde faltaban pocos minutos para una operación
delicadísima que buscaba remedios imposibles a un cáncer
extendido con apuntes de metástasis, ante la desolación
familiar, y el infinito miedo reflejado en los ojos del paciente.
Consciente de su estado, se despidió de su hermano antes
de entrar a quirófano diciendo “…que el Señor
me ampare”, a lo que la respuesta inquirió rápidamente
“…y que la Virgen te dé consuelo.” Resultó
afortunada la intervención, remontando incomprensiblemente
poco después la salud de aquel hombre, quien junto a su hermano
donó pasado un tiempo una túnica de brocado al Señor,
en pago por aquel favor concedido.
Apuntes de signo diverso, entre los cuales
también conocen los cercanos a la Virgen del Consuelo uno
sucedido ante sus mismas plantas, una tarde tranquila de paseos
en la que tocaba cambio de vestuario a la Señora.
Sucedió entonces que con intención
de pedir a Santa Ángela algo ciertamente complicado en torno
a la grave salud de un joven, su madre y su hermana acudieron a
la capilla, encontrándose de una parte el inminente cierre
de la misma para las labores que llegaban a continuación,
y de otra, la invitación a participar de este íntimo
acto, algo habitual en una hermandad que siempre permite a las mujeres,
asistir al cambio de la dolorosa. Sorprendidas pero a la vez llenas
de piedad ambas aceptaron el ofrecimiento, teniendo la suerte a
la vez de permanecer más tiempo encomendadas a sus rezos,
y de hacerlo junto a la bella sencillez de la desnuda Madre de Dios.
No fue posible contener más tiempo
la emoción, y envueltas en lágrimas, recibieron el
abrazo confortador de Fernando Barea, vestidor de la imagen y viejo
conocido de sus muchas tardes de similar labor en la Plazuela ante
la Esperanza de la Yedra, quien amablemente las invitó a
compartir su dolor con aquella Virgen Niña revestida tan
sólo de enaguas. Les pidió que abrazasen a la imagen,
y que le contaran al oído su problema, seguro de que la Madre
todo lo escucha, “…a pesar de esas orejitas tan pequeñas
que tiene bajo su pelo.”
Cuentan que el instante fue duro, doloroso,
cruel y hasta violento, y cuentan quienes allí vivieron aquella
situación, que pocas veces se oyó a nadie vaciar con
más verdad la condena acunada dentro del alma.
Pero la Virgen escuchó, tal y como
había anunciado sin dudas de ningún tipo el vestidor,
y pasados unos días, las pruebas efectuadas en el Hospital,
hablaron de limpieza donde antes no la hubo, y de males ya pasados
en aras de un mañana lleno de salud, siendo aquella misma
fecha cuando llegó hasta la hermandad del Consuelo, una nueva
petición de alta como hermana, para uno de los dos desconsolados
llantos de aquella tranquila tarde de paseo…
Un recuerdo a don Rafael
Como resumen a todo, como compendio final
de lo que a veces significan estas cosas, quizás nada mejor
que la frase que Monseñor Bellido Caro pronunció el
29 de marzo de 1996, Viernes de Dolores, tras la ceremonia de bendición
de la Virgen en torno a la cual, unos jóvenes habían
decidido crear una futura hermandad de penitencia. Entre besos,
lágrimas y abrazos por el recorrido andando y por el anhelo
logrado, una fuerte ovación jalonó el final de aquella
celebración, ante la que el prelado, pidiendo prudencia y
silencio, comentó:
- “En verdad que encontramos consuelo,
delante del hermoso rostro de esta consoladora Madre…”