Este pasado domingo asistí
a la Función de la Virgen del Consuelo, a la Función
de la Niña Guapa del Pelirón, a la Función
de la Muchacha en Flor rodeada de ídem por reto y rito del
amor de sus cofrades. La noche marcaba veintiuna horas en el reloj
de la valentía juvenil. La Iglesia de las Viñas estaba
envuelta en un perfume lírico de majestad divina. Siempre
la armonía sacrosanta de los gestos sencillos, la sinfonía
sutil y arrebatadora de la heroicidad anónima, innominada,
cuyo halo espiritual desciende del magisterio cristiano de aquella
santa inmortal, vital, total, capaz de mixturar en su nombre de
los seres alados y el madero de su redención: Ángela
de la Cruz. Esta novísima y renovadísima corporación
nazarena –renovadísima en la templada pero constante
incorporación de nuevos hermanos (¡Qué milagrosa
conjunción de significantes vocablos: nuevos hermanos!) rendía
culto a su Amada Titular. Sería becario, sería necesario,
sería pasionario recetar los éxitos callados, el manantial
doctrinario que brota del goteo de la fe indemne, inexorable, inalterable
de los popularmente reconocidos como los niños del Pelirón.
Reconocidos y reconocibles porque allí –otra vez, impenitentemente
y también penitentemente- continúan hallando morada
los Mateo, Rodri, Fatuarte, Gaby, Carlete, etcétera,
etcétera. Eran todos los que concurrían alineados
a lo largo y a lo ancho del templo, como conformando coordenadas
de purezas, y frente por frente a la mirada vertical de Quien agacha
la extensión de Sus Retinas. A la Virgen habría de
definirla el domingo según la máxima del imprevisto
e improvisado evangelio según Mateo: está para reventar
de bonita. Evangelio según Mateo el Hermano Mayor. El padre
Jerónimo Valpuesta platicaba con expresiones
alentadoras, la chiquillería besaba los juramentos del ingreso
en la Hermandad, la vivencia se tornaba convivencia de empatía
y nobleza del corazón. Ambiente henchido de fraternidad.
Las cofradías no guardan mayor secreto –ni mayor gueto,
ay- que la buena voluntad del amor entre unos y otros, entre el
próximo prójimo. Y esto lo practican a las mil maravillas
los cofrades del Pelirón: el amor al próximo prójimo.
marcoantoniovelo@yahoo.es
Publicado en Viva Jerez el 04/09/07.