FRATERNIDAD EN EL PELIRÓN. (Marco A. Velo García)

 
 

Este pasado domingo asistí a la Función de la Virgen del Consuelo, a la Función de la Niña Guapa del Pelirón, a la Función de la Muchacha en Flor rodeada de ídem por reto y rito del amor de sus cofrades. La noche marcaba veintiuna horas en el reloj de la valentía juvenil. La Iglesia de las Viñas estaba envuelta en un perfume lírico de majestad divina. Siempre la armonía sacrosanta de los gestos sencillos, la sinfonía sutil y arrebatadora de la heroicidad anónima, innominada, cuyo halo espiritual desciende del magisterio cristiano de aquella santa inmortal, vital, total, capaz de mixturar en su nombre de los seres alados y el madero de su redención: Ángela de la Cruz. Esta novísima y renovadísima corporación nazarena –renovadísima en la templada pero constante incorporación de nuevos hermanos (¡Qué milagrosa conjunción de significantes vocablos: nuevos hermanos!) rendía culto a su Amada Titular. Sería becario, sería necesario, sería pasionario recetar los éxitos callados, el manantial doctrinario que brota del goteo de la fe indemne, inexorable, inalterable de los popularmente reconocidos como los niños del Pelirón. Reconocidos y reconocibles porque allí –otra vez, impenitentemente y también penitentemente- continúan hallando morada los Mateo, Rodri, Fatuarte, Gaby, Carlete, etcétera, etcétera. Eran todos los que concurrían alineados a lo largo y a lo ancho del templo, como conformando coordenadas de purezas, y frente por frente a la mirada vertical de Quien agacha la extensión de Sus Retinas. A la Virgen habría de definirla el domingo según la máxima del imprevisto e improvisado evangelio según Mateo: está para reventar de bonita. Evangelio según Mateo el Hermano Mayor. El padre Jerónimo Valpuesta platicaba con expresiones alentadoras, la chiquillería besaba los juramentos del ingreso en la Hermandad, la vivencia se tornaba convivencia de empatía y nobleza del corazón. Ambiente henchido de fraternidad. Las cofradías no guardan mayor secreto –ni mayor gueto, ay- que la buena voluntad del amor entre unos y otros, entre el próximo prójimo. Y esto lo practican a las mil maravillas los cofrades del Pelirón: el amor al próximo prójimo.

marcoantoniovelo@yahoo.es


Publicado en Viva Jerez el 04/09/07.